La Villa Carmignac según Anne Racine

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Es uno de esos espacios únicos, fuera del tiempo y del suelo. Antigua granja transformada en villa por el arquitecto Henri Vidal, la Villa Carmignac está arraigada desde el 2018 en la isla de Porquerolles, en Hyères. Aquí, la naturaleza domina: encontramos, por toques, algunos de los cuatro elementos como el agua y la tierra. A lo largo de la visita libre y que se realiza descalzos, se desvelan los numerosos puntos de vista, que aparecen como cuadros orientados hacia las viñas de la región. Encargada de la comunicación y del desarrollo, Anne Racine desvela los encantos de este espacio único. Encuentro.

Pronto hará dos años que integró la Fundación Carmignac. ¿Por qué elegir desarrollar la Villa de Porquerolles?

Tras un largo recorrido en el sector público, pensaba que era interesante revisar mi enfoque poniéndome al servicio de una fundación privada. Pero fue sobre todo el encuentro con Édouard y Charles Carmignac, y el aspecto utópico del propio proyecto, lo que me entusiasmó. ¡Sin olvidar la belleza del paraje!

¿Cuál ha sido su visión de este espacio?

Nuestro objetivo era de integrar la Villa Carmignac en Porquerolles a la vez que nos destinábamos a un público nacional e internacional. Desde la apertura, Charles Carmignac quiso estrechar sólidos vínculos con lo que llama “la constelación local”: el Parque Nacional de Port-Cros, el ayuntamiento de Hyères, la Villa Noailles o también la Escuela de Bellas Artes de Toulon. Por segundo año consecutivo, co-organizamos junto con la Villa Noailles un recorrido que permite a los coleccionistas de la feria marsellesa Art-O-Rama visitar nuestros respectivos centros, pasando por el Hôtel des Arts de Toulon, la Villa Tamaris, el Domaine du Rayol, la Fundación Venet, la Commanderie de Peyrassol… A la par de esta voluntad de apertura de la Fundación, nuestras redes sociales colaboran a su manera, en esta dinámica destacando las iniciativas locales, nacionales e internacionales. 

¿En qué es diferente este espacio de la Fundación de París?

Las 300 obras de la colección fueron, durante mucho tiempo, mostradas en los muros de la sociedad Carmignac en París, y en las oficinas de la sociedad en el extranjero. Pero entonces el público general no las podía ver. Édouard Carmignac quería disponer de un espacio donde compartirla con el mayor público posible, “un lugar que nos conecte con nuestras raíces, a la naturaleza, a nuestra propia naturaleza”. La Villa Carmignac nació de un amor a primera vista por la isla de Porquerolles y el propio paraje. Allí, las obras de arte tienen “la capacidad de transformarnos”. Y el jardín, realizado por el paisajista Louis Benech, dispone de obras creadas especialmente para este espacio.

Aquí están presentes las fuerzas de la naturaleza (tierra, piedra, agua). ¿Cómo definiría la energía del espacio?

El hecho de acostar en una isla, permite desconectar del mundo real, “pasar a la otra orilla”. Esta idea marca profundamente la energía del espacio y hace de la Villa un lugar único. El hecho de dejar el continente para regresar más a nuestras raíces, enfrentarse a la fuerza de los paisajes y de los elementos, impacta mucho nuestros visitantes. Cabe también destacar que adentrarse en la Villa, también es descalzarse: la visita se realiza descalzos, tocando la piedra. El exterior, los bosques de pinos, el mar azul y los lazos de los senderos con una sucesión de montes bajos de jaras, un robledal, un olivar, salpicados de especies protegidas que solo se encuentran en Porquerolles (genistas linifolias, orquídeas salvajes…) contribuyen a esta reconexión.

¿Qué tipo de proyecto podremos ver aquí en el futuro?

Cada año, un nuevo comisario pone su mirada en la colocación Carmignac. Al invitar también artistas a crear obras in situ, éstos ofrecen su interpretación del espacio a los visitantes. Nuestro objetivo es de crear un efecto de sorpresa y hacer en cierto modo que aquí renueven su experiencia.