En el objetivo de Hubert Crabières

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Desde hace tres años, American Vintage entrega su Premio de la Fotografía American Vintage en el Festival de moda, de fotografía y de accesorios de moda en Hyères. Este año, ha sido otorgado a Hubert Crabières por su fascinante serie “La pesanteur et la grâce” (La gravedad y la gracia). Con estas imágenes, este fotógrafo procedente de Argenteuil, enfrenta la potencia de los colores vibrantes y modelos en movimiento. Un enfoque del que nos ha contado las primicias con motivo de su colaboración.

¿Siempre supo que quería ser fotógrafo?

Me convertí en fotógrafo tarde, casi por casualidad. Estudié cine en París y trabajé en una agencia de publicidad, para el vídeo. Mis ideas eran mucho más estáticas que en movimiento y no encontrada una forma satisfactoria de abarcar la narración. Un día, mi madre me regaló una Rolleiflex, una cámara analógica pequeña. Intuía que tenía que orientarme hacia la fotografía. Como soy un chico obediente, me lancé.

¿Qué es lo que le fascina en la fotografía?

¡Nada! Incluso diría que intento construir toda mi práctica artística sin dejar paso a la fascinación. Existe una suerte de enfrentamiento que me molesta en este concepto, una mezcla romántica de ingenuidad y de misticismo. La fotografía es un medio particularmente atractivo y seductor, en su relación con lo real, con respecto al propio objeto de la cámara y su técnica, hasta sus posibilidades de materialización física. Todo el reto para mí, consiste en traicionar la esperanza de las imágenes de bastarse por sí mismas.

¿Cómo definiría su universo?

Diría que mezclo lo artificial de una puesta en escena con entornos domésticos. Me gusta hacer fotografía documental de situaciones construidas. Hago fotos en general bastante coloridas, en las que intervienen mi entorno más cercano o los objetos que me rodean.

¿Cómo ha pensado su proyecto para American Vintage?

Es un proyecto en tres partes. La primera consistía en fotografiar el Sur de Francia, la región de origen de la marca. Luego he hecho estampar estas imágenes en grandes paneles de tejido, que se han tenido que coser y ordenar en el espacio donde vivo y trabajo en Argenteuil. Una vez cubierto por estos paisajes, el estudio se ha convertido en el lugar de la puesta en escena en el que he hecho posar mis allegados. Riccardo Linarello se ha encargado del estilismo, siempre con la idea de desviar los elementos de su primera función. Hemos organizado el día del shooting en cinco encuentros con grupos de amigos distintos. Quería abarcar la repetición: la del decorado, de las poses, de las situaciones o de los looks.

¿Por qué elegir que posaran sus allegados?

Encuentro la relación más justa. Conocen mi manera de trabajar, lo que intento construir y la forma de aportar su imagen a este ejercicio. Esto me permite orientar la sesión hacia acciones, movimientos, situaciones, interacciones. Así evito tener que buscar previamente “rostros” que con sus rasgos deberían encarnar la idea que justifica la fotografía. También se trata de abarcar más de frente esta cuestión de la intimidad hecha pública. Hacer que conviva el mundo de la moda con personajes que no forman parte de él es bastante banal, pero para mí siempre es una importante fuente de experimentación.

Fotos : Frederico Berardi / Hubert Crabières